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Homenaje a Manuel Belgrano

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El general Manuel Belgrano  
Nota de Belgrano al Triunvirato, informándole de la creación de la bandera nacional.
 
Monumento al general Manuel Belgrano,
frente a la Casa de Gobierno en Buenos Aires.

"Apareció una Junta de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por dónde, en lo que no tuve poco sentimiento. Pero era preciso corresponder a la confianza del pueblo, y me contraje al desempeño de esta obligación, asegurando, como aseguro a la faz del universo, que todas mis ideas cambiaron, y ni una sola concedí a un objeto particular, por más que me interesase: el bien público estaba a todos instantes a mi vista."

Así define Belgrano en su Autobiografía la actitud con que enfrentó los acontecimientos que lo tuvieron por protagonista, a partir de su nombramiento como vocal de la primera Junta de Gobierno. Nacido el 3 de junio de 1770 en Buenos Aires, cursó estudios elementales en esta ciudad y completó su formación inicial en el Real Colegio de San Carlos. A la edad de 16 años, viaja a España. Se gradúa como bachiller en leyes en Valladolid (1789), para luego obtener su título de abogado (1793). Se apasiona por los idiomas , la economía política y el derecho público, disciplinas cuyo estudio lo atrae mucho más que el ejercicio de su profesión. Jovellanos, Quesnay, Montesquieu, Rousseau y el pensamiento revolucionario francés son sus lecturas e influencias.

Con la creación del Consulado de Buenos Aires, Belgrano retorna a su ciudad como Secretario perpetuo de dicha institución. Encuentra en esta función un terreno propicio para poner a prueba la formación que recientemente ha adquirido en Europa. Así, el fomento de la agricultura, de la industria y de la libertad de comercio son el común denominador de sus actos administrativos y su prédica intelectual.

Mil ochocientos seis lo encuentra combatiendo contra los ingleses; cuando es conminado por Beresford, comandante de las tropas invasoras, a prestar acatamiento a su autoridad, opta por abandonar la ciudad, contrariamente a lo hecho por sus colegas en el Consulado. Después de la Reconquista, se alista en el Regimiento de Patricios con el grado de sargento mayor. Esta experiencia militar lo llevará a pensar más seriamente en la posibilidad de la ruptura del vínculo colonial. Este proyecto político, en el cual lo acompañan Castelli, Vieytes, Rodríguez Peña y Pueyrredón, consiste en conseguir la instauración de una monarquía en el Río de la Plata, cuya cabeza sería la infanta Carlota Joaquina de Borbón.

Mientras impulsa la solución monárquica, es prolífico como periodista; el Telégrafo Mercantil y el Correo de Comercio lo tuvieron como redactor y colaborador asiduo. En abril de 1810 renuncia a su cargo en el Consulado y pone rumbo hacia la Banda Oriental, dedicándose a actividades económicas personales; pero al poco tiempo es convocado por sus compañeros en Buenos Aires a integrar la Primera Junta de Gobierno en calidad de vocal. Desde mayo de 1810 hasta enero de 1814, su actividad se concentra en la guerra: es comisionado y encargado de conducir varias campañas y ejércitos, aunque no es un militar de carrera, ni su mayor talento sea el combate. En 1814 parte a Europa en misión diplomática, junto a Bernardino Rivadavia; el gobierno porteño les encomienda preparar el terreno para el reconocimiento de su autoridad en las restauradas cortes europeas. Retorna a Buenos Aires en 1816, si haber logrado todos los objetivos propuestos; presenta un informe al gobierno en donde vuelve a la carga con la solución monárquica, atento a lo que ha visto en el viejo continente. Desde su vuelta al Río de la Plata, intensifica su relación con José de San Martín y trata de combinar con él los paso a seguir en el terreno político y militar. En 1816 el Congreso de Tucumán lo designa comandante del Ejército del Norte, la frontera más conflictiva de las Provincias Unidas; desarrolla una intensa labor en lo administrativo y encara el levantamiento de la moral de la tropa, que se encontraba en crítica situación desde 1815, después de la derrota de Sipe-Sipe. Permanece por tres años en el norte y las desavenencias políticas entre el gobierno central y las provincias ocupan el centro de l escena. Gravemente enfermo, debe regresar urgentemente a Buenos Aires, donde fallece el 20 de junio de 1820.

     
 
La Infanta Carlota Joaquina de Borbón
 
Portada del Telégrafo Mercantil
 

El origen del estandarte nacional

"[...] Las derrotas sufridas por las armas patriotas en San Nicolás y Huaqui habían creado un clima de escepticismo. Belgrano, que se hallaba en Rosario con la misión de defender los pasos del Paraná, pensó que una forma capaz de elevar la moral de las tropas e inflamarlas del entusiasmo que necesitaban sería proporcionarles una insignia, que fuese como una proyección mayor de la escarapela, que el Triunvirato autorizara.

De ahí que al inaugurar el 27 de febrero de 1812 la batería Independencia, emplazada en una isla distante poco más de 1.000 metros de la villa del Rosario, mandó formar la tropa y después de arengarla, ordenó izar el nuevo estandarte en la batería Libertad, sobre la barranca frente al río Paraná [...]. En la comunicación que en la misma fecha cursó al Triunvirato expresaba: "Siendo preciso enarbolar bandera y no teniéndola la mandé a hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional; espero que sea de la aprobación de V.E." El Gobierno desautorizó la medida, pero Belgrano no llegó a enterarse porque ya había partido hacia el norte para tomar el mando del Ejército. [...] La nueva insignia celeste y blanca apareció por primera vez en Buenos Aires el 23 de agosto de 1812, al celebrarse la misa de acción de gracias por el fracaso de la conspiración de Alzaga. Ese día se enarboló una bandera en la torre de la iglesia de San Nicolás y otra en la ventana del mismo templo. [...] Por segunda vez, el 5 de octubre, al conocerse en Buenos Aires el triunfo de Belgrano en la batalla de Tucumán, se colocó una corbata celeste y blanca en el asta que se alzaba en el Fuerte y donde aun ondeaba el pabellón real español.

Muchas son las versiones acerca del origen de los colores nacionales, puesto que no surgieron como una creación deliberada, sino como culminación de una reiterada costumbre nacional. Su aparición en la escarapela aprobada por el Triunvirato -en las cintas usadas como distintivo de los jóvenes del Club de Marco-demuestra que los colores celeste y blanco tenían una acendrada raigambre popular". (página 340).

Bibliografía Consultada

A. J. Pérez Amuchástegui, Crónica Histórica Argentina, Buenos Aires, Editorial Codex, tomo 1, 1979.


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