Presentación de la edición
Una vez más, gracias al valioso aporte de particulares
e instituciones, el Archivo General de la Nación puede
concretar la edición de un auxiliar, que describe parte
de su enorme acervo documental.
Dardo Rocha, nacido en 1838 y muerto en 1921, fue una figura
fundamental de la historia de la Provincia de Buenos Aires, proyectándose
además sobre la vida política nacional, de la cual
fue activo participante.
El importante archivo que reunió a través de casi
sesenta años de actuación pública, está
integrado por 314 unidades archivísticas, y proporciona
información valiosa para los estudiosos de la política
y de la cultura argentinas, desde la segunda mitad del siglo XIX
hasta las dos primeras décadas del siglo XX.
Finalmente quisiera agradecer al Banco de la Provincia de Buenos
Aires, por haberse sumado a la conmemoración de los 175
años de nuestro Archivo Nacional, ya que sin su desinteresada
contribución esta obra no hubiera sido posible.
El Doctor Dardo Rocha, la Provincia de Buenos Aires y
el Banco de la Provincia
Alberto de Paula, arq. (*)
* Arquitecto, investigador del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas), y Director consulto del
Archivo y Museo Históricos del Banco de la Provincia de
Buenos Aires "Dr. Arturo Jauretche".
Entre los principales gobernadores bonaerenses fundadores de
ciudades que hoy son capitales, como Juan de Garay (Santa Fe en
1573 y Buenos Aires en 1580), Bruno Mauricio de Zavala (Montevideo
en 1724), y Dardo Rocha (La Plata en 1882), este último
se destaca con ciertos rasgos propios que le confieren una identidad
particular en la historia regional. Por una parte su criollez,
resultante de una raigambre familiar de casi tres siglos en el
Río de la Plata; además, su profesión de
abogado que lo diferencia asimismo de Garay y de Zavala en cuanto
a formación y ejercicio de actividades habituales; y también
el sentido y el contexto de las magnas fundaciones urbanas de
aquellos y de éste, como productos de circunstancias históricas
notoriamente distintas.
Sabemos del esfuerzo que significó en su tiempo la consolidación
de Santa Fe y de Buenos Aires para "abrir las puertas de
la tierra" y darle salida hacia las vías navegables
del Atlántico, a las provincias del Paraguay (que ya comenzaba
a verse encerrada ante la expansión de Sao Paulo) y del
Tucumán (capturada en el espacio económico peruano);
y en otra estrategia la fundación de Montevideo fue también
la respuesta a una necesidad: defender la hispanidad y la criollez
del estuario del Plata, ante las penetraciones lusitanas y británicas.
En aquellas gestas participaron directa e indirectamente los ancestros
del doctor Dardo Rocha quien, más de una vez, habrá
escuchado desde niño los relatos entre históricos
y míticos de las pocas páginas de la memoria lugareña.
La fundación de La Plata fue también una respuesta
a una necesidad grave, y no exenta de manchas de sangre en luchas
fratricidas. Porque Buenos Aires, la vieja que debía celebrar
en junio de 1880 el tercer centenario de su fundación,
se vio envuelta durante esos mismos días en el cruento
enfrentamiento armado entre las fuerzas militares del estado nacional
que querían convertirla en capital federal de la república,
y los defensores de la tradición de la ciudad como metrópoli
ancestral de la provincia bonaerense.
Triunfaron los federalizadores, y la provincia se halló
así ante la insólita situación de que, después
de tres siglos ya no tenía capital.
El artículo 2º de la ley de federalización
de la ciudad de Buenos Aires, dispuso que "Todos los establecimientos
y edificios públicos situados en el municipio quedarán
bajo jurisdicción de la Nación, sin que los municipales
pierdan por esto su carácter". Así el Archivo
Público Provincial, que había sido creado en 1821,
pasó a ser propiedad del estado nacional e igual suerte
corrieron la Universidad de Buenos Aires y la Biblioteca Pública
provincial (hoy Nacional) entre otras entidades. La ley excluyó
de esa forzosa transferencia al sistema bancario y a los ferrocarriles
y el telégrafo de la Provincia cuya situación no
fue alterada.
Cuando Dardo Rocha asumió el cargo de gobernador, el 1
de mayo de 1881, lo hizo como el último mandatario bonaerense
que juraba en la "manzana de las luces"; él mismo
se hizo el propósito de trasmitirlo a quien hubiese de
ser su sucesor en una ciudad nueva ...populosa y floreciente que,
para las necesidades administrativas y políticas, reemplace
en cuanto es posible a la antigüa capital... A esa ciudad
ideal le atribuía requisitos como éstos:
...para que responda a su desenvovimiento y a su destino, debe
ofrecer fácil acceso a los hombres y a los intereses que
está llamada a servir, consultar la higiene que se impone,
en primer término, en nombre de la existencia; las conquistas
del arte que eleva el sentimiento de lo bueno y de lo bello; los
adelantos de la industria que agiganta la producción y
los transportes, reclamando cada día más amplias
avenidas, y las conveniencias del comercio, para que éste
concurra a su rápido acrecentamiento. Pero todo esto no
se inventa ni se improvisa, y es necesario obtenerlo de estudios
previos y de observaciones prolijas.
era un desafío, en primer lugar, a sus propias capacidades
personales de planificación y gestión, y luego,
a las posibilidades técnicas del estado provincial, a la
potencialidad económica y financiera de la provincia bonaerense
y al consenso de su pueblo.
Dardo Rocha dedicó su primer año de gobierno a
investigar la situación de la provincia, tras la pérdida
de la antigua capital y la inclusión de territorios de
los indígenas en el oeste y sudoeste, mediante el minucioso
Censo provincial de 1881. En forma simultánea, hizo estudiar
las alternativas posibles para emplazar la futura metrópoli,
desde los puntos de vista de la geología, la demografía,
la estructura de comunicaciones, la economía, y otros aspectos;
seleccionando así el paraje de las Lomas de la Ensenada,
entre otras causas, por su buena altitud y su cercanía
al puerto de ese nombre.
Pero no todos los dirigentes políticos de entonces compartían
el proyecto de hacer una fundación urbana importante; el
tema se debatió en el Senado el 20 de abril de 1882, y
en esa sesión el senador Juan Manuel Ortiz de Rozas expreso:
Para gobernar la provincia no necesitamos absolutamente tener
una gran ciudad, necesitamos tener municipalidades independientes
que gocen de rentas propias, dando así expansión
a los intereses morales y materiales de la provincia y haciendo
que el conjunto de esos intereses, que los productos traducidos
en riqueza, vengan a localizarse, después, en una gran
metrópoli...
frente a esta opinión de sentido organicista, planteó
el senador José Hernández un punto de vista divergente
y contrapuesto al expresar:
No podemos pues, fundar una capital pequeña en un terreno
donde no pueda desenvolverse; debemos fundar una capital, repito,
no sólamente con arreglo a las exigencias del comercio
y del progreso presente, sino también con arreglo a las
exigencias del porvenir, con arreglo a las necesidades que han
de tener las generaciones venideras...
Ambos criterios expresaban puntos de vista razonables y lógicos,
quedando la visión de Juan Manuel Ortiz de Rozas (nieto
del "Restaurador de las Leyes") enmarcada por el rol
preponderante de los factores sociales y socioeconómicos
y su espontáneo desenvolvimiento, y en la de José
Hernández (el célebre autor de "Martín
Fierro") el pensamiento clásico del planeamiento territorial
y urbano, con fines e instrumentos coordinados por la acción
política estatal. No sólo en las cámara legislativas,
sino también en la opinión pública bonaerense
prevaleció la idea de fundar la gran capital bonaerense
que, a propuesta de Carlos Pellegrini, recibió el nombre
de "La Plata".
Uno de los aciertos del gobierno del doctor Rocha para agilizar
la marcha y el éxito del "Plan La Plata", fue
la integración de lo que hoy llamaríamos "equipos
interdisciplinarios", integrado por legisladores, funcionarios
administrativos y técnicos, con objetivos específicos
y bien distribuídos. Además, el Departamento de
Ingenieros de la Provincia cumplía por entonces seis décadas
de existencia, llenas de vicisitudes (como el país en su
conjunto) pero también de experiencias muy enriquecedoras
y nucleando, además, un cuerpo profesional altamente calificado,
que posibilitó el apoyo técnico y, en definitiva,
la concreción del resultado.
La dedicación personal del doctor Rocha al proyecto de
la ciudad de La Plata, fue otra de las causas decisivas del éxito
del plan. Desde los estudios de orden territorial, hasta los trabajos
de diseño urbano y arquitectónico y la marcha de
las obras emprendidas fueron, en todo momento, objetos constantes
de su atención. Esto se advierte claramente en la inscripción
que, de su puño y letra, puede leerse en la portada interior
del libro "Atlas Universel..." (en francés) editado
por Arthème Fayard, en París en 1880:
Compré este libro para estudiar los planos de las principales
ciudades del mundo y con estos conocimientos determinar el de
La Plata. Adquirí otros libros para estos estudios. Dardo
Rocha.
fue así como a la vista de propuestas elevadas por profesionales
independientes como el arquitecto Juan Martín Burgos y
el ingeniero José Rodrigo Botet, y bajo la virtual tutoría
del gobernador, el agrimensor Carlos Glade, del Departamento de
Ingenieros, fue desarrollando en su tablero el plan urbano de
La Plata, a partir del concepto radioconcéntrico de la
ciudad alemana de Carlsruhe, que modificó en un proceso
gradual, cuya última fase fue la salvaguarda del bosque
correspondiente al casco de la antigua estancia de Iraola, incorporándolo
como un paseo urbano por orden escrita del gobernador Rocha.
Tras superar diversas dificultades, se llegó por fin al
19 de noviembre de 1882, día fundacional que amaneció
templado y con un sol radiante que hizo brillar las calles recién
terminadas de demarcar y abovedar, cubiertas de conchillas y adornadas
con banderas y consignas patrióticas en la ciudad de La
Plata, que mostraba su original trazado como único signo
de su existencia urbana a las caravanas de curiosos que se apeaban
de los trenes en la pequeña estación de Tolosa;
el acto de fundación se cumplió a las cuatro de
la tarde y el fundador en su alocución dijo, como evocando
a los eméritos romanos:
...No traemos en este día, según el antiguo rito,
el puñado de tierra de la ciudad de donde procedemos, para
depositarlo en señal de que conservamos las viejas tradiciones
de nuestra antigua ciudad, pero traemos sus viejos sentimientos
argentinos y sus ideas levantadas por la grandeza de la patria.
Un año y medio después, la naciente ciudad estaba
en pleno desarrollo y sumaba casi siete mil habitantes, con un
importante movimiento comercial. El 15 de abril de 1884, se celebró
en forma muy solemne el traslado de los poderes públicos
de la provincia, desde la ciudad de Buenos Aires a la nueva capital
donde funcionaron en locales provisorios, hasta concluirse los
definitivos algún tiempo después. Pero el 1 de mayo
de ese mismo año, el doctor Dardo Rocha pudo cumplir su
compromiso público de instalar en el cargo de gobernador
a su sucesor, Carlos D'Amico, en una ceremonia realizada en la
ciudad de La Plata, donde ya estaba establecido su despacho.
Entre los cargos que el doctor Dardo Rocha desempeñó
después de haber sido gobernador de la provincia, podemos
recordar el de vocal del Directorio del Banco de la Provincia
de Buenos Aires, que ejerció en el segundo semestre de
1884, y durante los años 1885 y 1886, integrando las comisiones
de "Edificios" y de "Asuntos Legales".
Los años del gobierno de Dardo Rocha habían sido
particularmente fructíferos para el Banco de la Provincia,
que elaboró una política de expansión sobre
la base de los datos recopilados en el Censo del 9 de octubre
de 1881. Vemos así que en el año 1882 fueron inauguradas
las sucursales de Bahía Blanca y Ayacucho, y las agencias
de los tres municipios colindantes entonces con la capital federal:
Belgrano y San José de Flores (federalizados en 1887) y
Barracas al Sur (hoy Avellaneda) y se construyeron dos grandes
edificios, uno para la sucursal de Las Flores y otro para la de
Chascomús, este último de líneas monumentales
y proporciones grandiosas, como puede todavía apreciarse,
pues es desde 1902 la sede de la filial del Banco de la Nación
Argentina en Chascomús.
También en 1882 y, para ser más precisos, el 20
de noviembre (día siguiente al de la fundación)
se inauguró la sucursal La Plata, ubicada provisoriamente
frente a la estación ferroviaria de Tolosa. Entre tanto,
fue convocado un concurso para la construcción de la Casa
Matriz del Banco, aún existente en el centro de la capital
bonaerense, cuya habilitación se realizó en abril
de 1886, es decir, mientras Dardo Rocha integraba la comisión
de edificios del Directorio del Banco.
La expansión del Banco de la Provincia en la época
de Dardo Rocha se mantuvo a buen ritmo durante varios años,
creándose estas nuevas sucursales:
en 1883: Bragado, Arrecifes, Juárez, Rauch, Rojas, Saladillo;
en 1884: Magdalena, Olavarría, San Andrés de Giles,
General Alvear, Balcarce, Carmen de Patagones, Mar del Plata,
San Antonio de Areco;en 1885: Lincoln, Zárate, Maipú,
Campana, Chacabuco, Nueve de Julio, Carmen de Areco, Cañuelas,
San Fernando (por traslado de la agencia Belgrano); con lo cual
se completaba la cantidad de cuarenta y dos filiales, más
las casas de Buenos Aires y La Plata, totalizando cuarenta y cuatro
centros de atención que, por fin, llegaban a cubrir la
geografía provincial en toda su extensa inmesidad.
En 1884 se creó además dentro de la estructura
orgánica del Banco, y con carácter estable, la Oficina
de Asuntos Legales que el doctor Rocha supervisó durante
su permanencia en el Directorio, junto con el área de construcciones.
En ésta le cupo concretar la ampliación de la casa
de Buenos Aires, confiándose al arquitecto Julio Dormal
la renovación total del ala correspondiente a la calle
Piedad (hoy Bartolomé Mitre 451, obra demolida en 1922)
donde se instaló también el Telégrafo de
la Provincia; se hicieron los edificios propios de las sucursales
Bahía Blanca, Veinticinco de Mayo y Baradero, y como antes
recordáramos, se habilitó la Casa Matriz, que era
su principal preocupación.
La visión comparativa de los respectivos roles de La Plata
y Buenos Aires, ante la realidad bonaerense posterior al 1880,
es decir, tras la decapitación de la provincia, según
podemos entrever a más de un siglo de distancia, no se
nos presenta en los actos de Dardo Rocha como rígida y
distante. Por una parte, puede notarse como da forma material
o arquitectónica a los artículos tercero y cuarto
de la ley de federalización, que autorizaban la permanencia
invariable del Banco y del Telégrafo de la Provincia en
la ciudad de Buenos Aires; y el Directorio que él integraba
los nucleó en el mismo edificio de Piedad 451; por otra
parte, fue en 1885 cuando sus amigos le obsequiaron la casa palaciega,
construída en un predio de sus remotos antepasados porteños,
en Lavalle al 800, donde transcurrió el último tramo
de su vida.
Fue el artífice de una hermosa y dinámica ciudad,
pero sabía que como en toda obra humana, su propósito
no daría resultados absolutos; así lo decía
en el mensaje inaugural de su gobierno al expresar su objetivo
de ...reemplace en cuanto es posible la antigua capital... Y en
ésto no contradecía su propia labor, sino que demostraba
un hondo sentido de la realidad y del respeto a los intereses
de la provincia que, desde luego, no quedaban constreñidos
al lucimiento de la sede del gobierno aun cuando éste reflejara
la grandeza del estado bonaerense.
Por eso el espíritu y el recuerdo del doctor Dardo Rocha
viven en La Plata y viven también en la ciudad de Buenos
Aires, donde la comunidad bonaerense está presente en el
nombre que la provincia comparte con su antigua capital, y en
obras perdurables como -entre otras- la Biblioteca Nacional, la
Universidad de Buenos Aires, y el Archivo General de la Nación,
y de manera concreta, en el Banco de la Provincia de Buenos Aires,
cuya casa central continúa operando a pocos metros de la
plaza de Mayo, sobre el mismo solar donde fue fundado en 1822,
como una página viva y visible de la historia que los bonaerenses
y todos los argentinos tenemos en común y que, en su día,
Dardo Rocha supo comprender con su sutil genialidad y su inmensa
capacidad de acción.
Palabras Preliminares
Funcionario, diputado nacional y provincial, senador nacional,
constituyente, diplomático, miembro del directorio de entidades
bancarias oficiales, académico, Gobernador de la Provincia
de Buenos Aires, fundador de la ciudad de La Plata y de su Universidad
y candidato a la Presidencia de la República, la vida de
Dardo Rocha abarcó un amplio universo de actividades, como
vasto es el conjunto documental que legó a la memoria de
los argentinos.
Este fondo, cuyo auxiliar heurístico pone actualmente
el Archivo General de la Nación a disposición de
los investigadores, ingresó en virtud de las gestiones
impulsadas por la Comisión de Recuperación del Patrimonio
Histórico Nacional. Esta comisión cumplió
una función relevante en la política archivística
de la década del 60, época en la que también
fue sancionada la primera Ley de Archivos de la República
Argentina, referencia obligada para nuestro repositorio por más
de tres décadas.
El Archivo Rocha debido entre otras razones, a su importante
caudal de documentos (314 legajos) fue organizado a lo largo de
varios años. Esta es la causa que permite explicar la adopción
de, por lo menos, dos criterios de clasificación. Si en
un principio se pensó que la separación de los documentos
en base a los caracteres externos, concretamente al tipo documental,
facilitaría la recuperación de la información,
con el tiempo se creyó más acertada la determinación
de las series a partir de las actividades del productor. En consecuencia,
los primeros grupos documentales se clasificaron siguiendo el
primer temperamento (correspondencia, telegramas, discursos),
mientras que para los restantes se aplicó el criterio funcional.
Las piezas documentales que describe este inventario, abarcan
el período comprendido entre 1855 y 1921, e informan sobre
las funciones públicas de Dardo Rocha, su actuación
militar en la Revolución de Corrientes de 1862 y en la
Guerra de la Triple Alianza, sus viajes a Europa, su desempeño
como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires entre 1881 y 1884,
sus misiones diplomáticas al Paraguay y a Bolivia y su
candidatura a la Presidencia de la Nación en 1885. Como
hombre de la cultura, recogió documentos sobre la fundación,
organización y primera etapa de existencia de la Universidad
Nacional de La Plata, además de los referidos a su participación
en asociaciones académicas, militares y comisiones de homenaje.
Otras piezas aluden a sus estudios históricos y literarios,
donde se evidencia su vocación de periodista e historiador.
Finalmente siete unidades archivísticas contienen impresos
y periódicos.
Por último, el Archivo General de la Nación quiere
agradecer muy especialmente la colaboración del Banco de
la Provincia de Buenos Aires, una de las instituciones por las
cuales pasó Dardo Rocha, ya que con su generoso aporte
permitió la aparición de este libro