Palabras preliminares
Con este volumen, el Archivo General de la Nación incrementa
el soporte referencial bibliográfico destinado a los consultantes
y los investigadores. Esta indización, por su índole
específica y singular, difiere de otros recuentos ya publicados.
Se trata, esta vez, de la codificación de las instituciones
públicas de beneficencia y asistencia social, desde 1823
hasta 1952, las que han tenido como protagonistas a mujeres de
espíritu solidario y acción filantrópica.
Desde la propia lectura de los argumentos del Decreto principio
de esas entidades surge con claridad la responsabilidad que el
Estado otorgó a la colaboración femenina para paliar
las carencias sociales existentes, previniéndolas o restañándolas,
siempre difíciles de evitar, entre la población
más desprotegida de niños, adultos y ancianos, marginados
de la estructura social regular. En especial, por razones notorias,
en los casos de la infancia abandonada y de las jóvenes,
madres o no, de recursos paupérrimos.
En la Argentina, aún con el antecedente citado ocurrido
en el siglo pasado, que sustenta esta recopilación, los
esfuerzos por ofrecer una red de contención a los desamparados,
en cualquier etapa de su existencia, no sólo constituyó
una preocupación de carácter institucional sino,
primariamente, un llamado al espíritu de las personas que,
individualizadas o anónimas, han hecho aportes y fortalecido
las obras de caridad. Sabemos, naturalmente, que las experiencias
y los resultados son, para esta circunstancia, harina de otro
costal.
Es, sí, en el curso del siglo XX, sin embargo, donde la
necesidad de amparo ha reclamado mayor demanda. La aceleración
histórica, el progreso de la ciencia y la técnica
y otros elementos no menos plausibles en su conjunto, han provocado,
contradictoriamente, consecuencias sociales que afectaron el bienestar
de muchas personas y la obligación de emprender planes
y acciones tendientes, sino a suprimirlas de raíz, al menos
a mitigarlas. Ante esos verdaderos agujeros negros del desamparo
y la miseria, el contrato social tácito de una comunidad
organizada no puede permanecer ajena en tal situación de
relegamiento asistencial de algunos de sus integrantes.
Tórnase inexcusable, enfocando el tema con la mejor equidad
reflexiva y ya sin disensos en la perspectiva histórica,
recordar que promediando esta centuria se organizó, planificó
y ejecutó uno de los capítulos más ricos
y beneficiosos tendiente a repara el drama del desvalido. La sociedad
moderna tiene una dinámica no siempre correlativa con el
brío imprescindible para advertir esos bolsones de parias
- individual o colectivo -, a los cuales la comunidad, como ya
se anotaba hace ciento setenta y seis años, debería
asumir «el principio de que no hay medio ni secreto para
dar permanencia a todas las relaciones políticas y sociales,
sino el de ilustrar y perfeccionar a hombres y mujeres y a individuos
como a pueblos».
La globalización del mundo contemporáneo ha puesto
a la descubierta una problemática que se agudiza por múltiples
factores, a pesar de los esfuerzos por acotarla. De ahí
que este registro documental, en apariencia sujeto únicamente
a la letra histórica, representa, además, un llamado
a la generosidad de las personas, porque la civilización
de hoy, como aquella más aldeana de 1823, debe basarse
en las cualidades del corazón y el espíritu, es
decir, en la evangelización de la condición humana.
Noviembre de 1999.